Una relación sana con la comida

Publicado en Niños

Desde el punto de vista de la nutrición es tan importante cubrir las necesidades nutrimentales como el de establecer una relación alimentaria sana con la comida. Se requiere cuidar el momento de la comida de manera que el niño esté contento, motivado, sin presiones. Se le debe dejar experimentar con la comida, los diferentes sabores, texturas y colores. A grandes rasgos, se puede afirmar que para el niño de uno a tres años, la relación alimentaria adecuada es aquella que ofrece libertad y apoyo para favorecer su autonomía y marcar límites claros que le den seguridad. Entre los tres y los seis años, la conducta alimentaria le debe dar la oportunidad de desarrollar habilidades para alimentarse, aceptar una variedad de alimentos y socializar en torno a la comida. La regla básica de las personas que le den de comer a los niños es la de establecer horarios de comida, ofrecer los alimentos de manera que el niño pueda manejarlos, hacer agradables las horas de las comidas e incluirlo en las comidas familiares, establecer ciertas reglas de comportamiento en la mesa y cuidar el aspecto higiénico y nutrimental de la dieta. Cuando el niño cumple un año de vida, ya no come a libre demanda y se puede adaptar al ritmo de vida de la familia así como al menú familiar. Su capacidad gástrica es reducida y su actividad física constante. La ventaja de que el niño se acostumbre a tener un horario de comida en lugar de comer a cualquier hora, reside en que aprende a sentir hambre y a saciarla y, en consecuencia, a regular su ingestión. El niño de uno a seis años centra su interés en socializar más que en alimentarse. En ocasiones se encuentra tan absorto en el juego que se olvida de comer, lo que aunado al apetito escaso propio de esta edad, origina problemas. Para evitarlos, es necesario preparar al pequeño para la hora de la comida, permitiendo que se tome un tiempo de transición para sosegarse y descansar. Esto hará que se presente en la mesa con mayor disposición. En caso que el niño no tenga hambre, se debe respetar su inapetencia, pero aun así, deberá sentarse a la mesa y compartir ese momento con la familia. Suele ocurrir que después de unos minutos, al serenarse, el niño descubre que sí tiene apetito. Se debe presentar una variedad de alimentos que pueda tocar, oler, oír y saborear, en especial cuando son nuevos para él. Esto le permitirá desarrollar sus sentidos y adquirir un conocimiento más amplio de su mundo. A la vez, en estas circunstancias, es más probable que el niño acepte de buen grado los alimentos. Para realizar de manera adecuada la degustación, la masticación y la deglución de los alimentos, el niño requiere desde el punto de vista fisiológico de un tiempo considerablemente mayor que el adulto. Mientras un adulto deglute de 15 a 20 mililitros de agua en cada ocasión, un niño de 15 a 40 meses de edad no puede deglutir más de cinco mililitros cada vez. Por ello es necesario que ingiera bocados pequeños y que se respete su particular ritmo para comer. Cabe recalcar que el respeto es un ingrediente indispensable para que el niño aprenda a regular su consumo de alimentos. La regulación del consumo está relacionada con el sobrepeso y la obesidad, lo cual se presenta cada vez con mayor frecuencia en esta edad. Además de la escasez de apetito propia de esta edad, debida a la desaceleración del ritmo de crecimiento, se deben esperar variaciones en él. Por lo general estas limitaciones son autolimitadas y no representan problemas, siempre y cuando el pequeño esté sano y activo y crezca de manera adecuada. La mayoría de las recomendaciones para la ablactación son útiles también para la edad preescolar. Estrategias para prevenir la asfixia por alimentos. Los niños menores de tres años son el grupo que corre mayor riesgo de que un alimento obstruya sus vías aéreas, pues su habilidad para tragar y masticar aún es limitada y no tienen facilidad para toser y expulsar la obstrucción. Los alimentos que implican mayor riesgo son los que tienen las siguientes características: pequeños, delgados, redondos, cilíndricos u ovalados, suaves, resbalosos o bien de consistencia firme que se resiste a la masticación y que, de manera inadvertida, pueden deslizarse y pasar a la faringe. Entre los más comunes están: cacahuates, palomitas, uvas, aceitunas, zanahorias crudas, nueces, caramelos, salchichas y gomitas. Las distracciones mientras se mastica la comida, la falta de supervisión por parte de los adultos, correr mientras se está acostado o corriendo, gritar o reírse a carcajadas cuando se mastica un bocado, son prácticas riesgosas. Es la edad más adecuada para crear nuevos modales y hábitos alimentarios, acostumbr